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La economía social y solidaria en Cataluña: claves del éxito

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Si entras en cualquiera de los catorce Ateneus Cooperatius (Ateneos Cooperativos) de Cataluña, quizá encuentres los inicios de un caso de éxito de la economía social y solidaria (ESS) que hace unos meses ni siquiera existía.

Podría tratarse de un taller de reparación de bicicletas, una cooperativa para el cuidado de personas mayores o una iniciativa energética de barrio: una idea cruza la puerta y sale con un camino claro hacia una empresa viable, con apoyo en planificación, financiación y contactos locales.

Esto es solo una fracción de la infraestructura que hoy sostiene el ecosistema de la economía social y solidaria en Cataluña.

Desde 2016, los Ateneos Cooperativos han canalizado cerca de 48 millones de euros hacia las economías locales. Han contribuido a crear 1.129 cooperativas y otras entidades de la ESS, han llegado a más de 150.000 participantes y han apoyado alrededor de 5.190 inserciones laborales.

Aunque las cifras son significativas, lo más importante es lo que hay detrás: la construcción de capacidad local para transformar ideas de economía social en actividad económica.


Asamblea Anual de Gobernanza de la Xarxa d’Ateneus Cooperatius (XAC), 2025. Fuente: Generalitat de Catalunya, Dirección General de Economía Social y Solidaria y Cooperativismo.


Del reconocimiento a la acción

La ESS está ganando reconocimiento como parte de economías resilientes e inclusivas. Como destaca un artículo reciente de COGITO, la economía social ya crea millones de empleos, proporciona servicios esenciales y contribuye a la resiliencia económica local.

En toda Europa, los gobiernos están desarrollando estrategias y planes de acción, además de que el Plan de Acción para la Economía Social de la Comisión Europea ha ayudado a situar el sector en un lugar más destacado de la agenda política.

España ha reforzado recientemente este marco con su Ley Integral de Impulso de la Economía Social. Cataluña, por su parte, está elaborando su propia ley, prevista para finales de 2026.

Este impulso es importante: el reconocimiento legal puede dar visibilidad a las organizaciones de la ESS y fortalecer la acción pública.

Pero las leyes, por sí solas, no crean cooperativas, no construyen redes locales ni ayudan a las personas a convertir una idea en un negocio sostenible.

La experiencia de Cataluña demuestra que los marcos normativos necesitan ecosistemas locales capaces de llevarlos a la práctica.

Hay tres prioridades que destacan.

Desarrollar capacidades, instituciones y redes

Poner en marcha una cooperativa requiere algo más que una buena idea. Las personas emprendedoras necesitan conocimientos empresariales, competencias financieras y relaciones con los ayuntamientos y otras organizaciones locales.

Es en este punto donde los Ateneos Cooperativos entran en juego. Los catorce ateneos ofrecen un acompañamiento a medida, desde la concepción del proyecto hasta su posterior organización.

Su modelo de gobernanza reúne a instituciones públicas, cooperativas y organizaciones de la sociedad civil, y crea conexiones que ninguna organización podría construir por sí sola.

El programa Projectes Singulars (Proyectos Singulares) refuerza este itinerario mediante el apoyo al emprendimiento innovador en la ESS.

Integrar los barrios en la estrategia económica

Cataluña ha llevado este enfoque más allá de las empresas individuales.

El programa Comunalitats Urbanes (Comunalidades Urbanas) concibe los barrios como espacios donde el desarrollo económico puede organizarse de forma colectiva. Da apoyo a servicios compartidos, cadenas de suministro locales y recursos comunes, como cocinas comunitarias, bancos de tiempo e iniciativas energéticas.

Actualmente hay veintisiete redes comunitarias en funcionamiento. Desde 2022, dos convocatorias de ayudas han movilizado más de 17,1 millones de euros a través de 272 entidades, llegando a casi 120.000 personas y contribuyendo a crear 1.724 empleos.

Este cambio hacia un enfoque comunitario es relevante, ya que, aunque una cooperativa prospere, un barrio puede seguir arrastrando sus fragilidades de fondo, como una demanda local débil, grupos cívicos desconectados o la falta de infraestructuras compartidas.

En cambio, la articulación de varias iniciativas en torno a los mismos bienes comunes transforma esta situación: la unidad económica principal deja de ser únicamente la empresa y pasa a ser el espacio compartido en el que interactúan cooperativas, trabajadores y comunidades.

Construir a largo plazo

Los ecosistemas locales necesitan tiempo para desarrollarse. Por eso, la continuidad del apoyo es tan importante como la innovación.

Desde 2016, las políticas de ESS en Cataluña han supuesto más de 200 millones de euros de inversión pública. Entre ellas figuran los Ateneos Cooperativos, los Proyectos Singulares y las Comunalidades Urbanas. En conjunto, han apoyado casi 11.900 empleos, 1.520 nuevas cooperativas y otras entidades de la ESS.



La escala importa, pero también la estabilidad. La financiación plurianual da a los ateneos y a las redes tiempo para cultivar relaciones y acumular experiencia, además de reducir la burocracia y optimizar los procedimientos.

Además, la evaluación puede ayudar a los responsables políticos a entender qué funciona y dónde son más eficaces los recursos, por eso que Cataluña está desarrollando enfoques sistemáticos para evaluar sus políticas de ESS.

Aun así, la financiación pública no puede sostener este ecosistema indefinidamente. El hecho de diversificar la financiación, ya sea mediante financiación combinada o vínculos más estrechos con el capital privado, podría reducir la dependencia de los ciclos de financiación y ofrecer a las organizaciones más opciones para crecer.

En definitiva, la prioridad es construir un ecosistema duradero y más resiliente, tanto financiera como socialmente.

Legislación, un medio para un fin

La futura ley catalana de ESS es el siguiente paso.

Al surgir del trabajo conjunto entre gobierno, comunidades, organizaciones de la sociedad civil y entidades representativas de la ESS, este reconocimiento legal refuerza el modelo económico y aporta claridad a las políticas públicas. Pero su impacto dependerá de lo que ocurra más allá de la ley.

La experiencia de Cataluña muestra a los gobiernos que quieran fortalecer la ESS en sus territorios la importancia de construir el ecosistema al mismo tiempo que el marco normativo.

Esto se traduce en invertir en organizaciones que desarrollen capacidades, conectar a las empresas con las comunidades y las instituciones, dar tiempo a que las iniciativas maduren, medir lo que funciona y abrir vías hacia una financiación diversificada.

Las iniciativas de la ESS crecen cuando las políticas crean las condiciones para que personas, organizaciones y territorios trabajen juntos, y les dan continuidad el tiempo suficiente para que la capacidad local arraigue.

Por lo tanto, el reto no consiste en elegir entre legislación e inversión, sino en conectarlas de manera que las comunidades tengan la oportunidad de dar forma a sus propios sistemas económicos.


Este artículo también está disponible en Inglés

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